En neumática, la tubería no es un accesorio secundario: condiciona la caída de presión, la fiabilidad de los racores y hasta el ritmo real de la máquina. Un tubo Legris bien elegido evita fugas, simplifica el montaje y ayuda a que el circuito de aire comprimido trabaje con menos sorpresas; por eso conviene fijarse en el material, el diámetro y el tipo de unión, no solo en la referencia.
Lo esencial para elegir bien la tubería neumática sin sobredimensionar la instalación
- La gama Legris encaja sobre todo en circuitos de aire comprimido, automatización y distribución neumática con racores instantáneos.
- La elección correcta depende de presión real, temperatura, flexibilidad y radio de curvatura.
- La poliamida suele funcionar mejor en líneas fijas; el poliuretano, en recorridos cortos, móviles o muy compactos.
- Un corte recto y un asiento limpio en el racor influyen tanto como el material del tubo.
- El error más caro suele ser usar una manguera “parecida” sin respetar el tipo de conexión ni el margen de trabajo.
Qué aporta la gama Legris en un circuito neumático
Cuando hablo de tubería técnica para aire comprimido, no pienso solo en “un tubo”, sino en una pieza que tiene que sellar, resistir y mantener el caudal estable. En la práctica, la familia Legris se usa mucho porque está pensada para trabajar con racores instantáneos y para ofrecer una unión repetible, algo que en automatización industrial marca la diferencia entre una instalación limpia y otra que obliga a revisar fugas cada poco tiempo.
Yo suelo explicar esta decisión con una idea simple: el tubo no solo transporta aire, también condiciona la fiabilidad del circuito. Si el material no acompaña, aparecen problemas muy concretos: microfugas, pérdidas de presión, fatiga por vibración, deformaciones en los codos o fallos al insertar el tubo en el racor. Por eso conviene pensar en la línea completa, no en el tubo como pieza aislada.
Además, en este tipo de gama técnica importa mucho la compatibilidad con la unión. Las series calibradas para racores instantáneos están diseñadas para asegurar el sellado, y esa compatibilidad es una ventaja real cuando hay muchas conexiones o cuando el mantenimiento tiene que ser rápido. Con esto claro, el siguiente paso es decidir qué material responde mejor a tu instalación.
Materiales que sí tienen sentido en aire comprimido
Yo separo la elección en cuatro familias útiles. No todas sirven para lo mismo, y ahí es donde más se equivoca quien compra solo por costumbre.
| Material | Lo que aporta mejor | Limitaciones | Cuándo lo elegiría |
|---|---|---|---|
| Poliamida semirrígida | Muy buena estabilidad mecánica, buena resistencia al envejecimiento y trabajo fino en líneas fijas. En algunas gamas llega hasta 50 bar y soporta de -40 °C a +100 °C. | Menos flexible que el poliuretano; exige respetar mejor el radio de curvatura. | Distribución de aire, paneles neumáticos, máquinas con recorridos relativamente estables. |
| Poliamida rígida | Excelente para tramos rectos y para distribución donde interesa robustez. Hay referencias que alcanzan hasta 58 bar y trabajan de -40 °C a +80 °C. | Es más exigente en el trazado y tolera peor los recorridos forzados. | Líneas más rectas, alimentación de colectores y circuitos con poco movimiento. |
| Poliuretano | Muy flexible, absorbe vibración y se adapta bien a espacios reducidos. En una parte importante de la gama trabaja hasta 16 bar y de -40 °C a +74 °C. Además, puede ahorrar hasta un 50 % de espacio frente a una PA semirrígida. | Su margen de presión y temperatura es menor que el de la poliamida en aplicaciones exigentes. | Brazos móviles, robots, máquinas compactas y montajes donde el radio de curvatura importa mucho. |
| PFA o fluoropolímeros | Muy buena resistencia química y comportamiento sólido en entornos especiales. | Más coste y menos habitual en neumática estándar. | Ambientes agresivos, requisitos de limpieza altos o fluidos especiales. |
Si la instalación es estándar y solo mueve aire comprimido, la decisión real suele estar entre poliamida y poliuretano. Yo reservo los materiales más especiales para entornos donde la química, la temperatura o la limpieza justifican pagar más. Esa parte de la elección es importante, pero todavía no resuelve la cuestión más delicada: cómo acertar con el diámetro y con la presión de trabajo.
Cómo elegir diámetro, presión y temperatura sin equivocarte
El error más frecuente es mirar solo el diámetro exterior. Yo me fijo también en el diámetro interior, la longitud total, el número de curvas y la temperatura del entorno, porque ahí es donde aparece la pérdida de carga. Si la línea es larga o tiene muchos codos, el aire llega peor; si además el circuito trabaja caliente, el margen de seguridad baja antes de lo que muchos esperan.
| Qué revisar | Por qué importa | Regla práctica |
|---|---|---|
| Presión real en el punto de uso | La presión del compresor no siempre coincide con la que recibe el actuador. | Yo busco margen por encima del máximo de trabajo, no al límite. |
| Temperatura ambiente y de proceso | El calor reduce el margen útil de la tubería y acelera el envejecimiento. | Si hay fuentes de calor, no uso la referencia de catálogo como si fuera un valor fijo e inmutable. |
| Longitud y número de curvas | Cuanto más largo y más tortuoso es el recorrido, más caída de presión hay. | Si el trazado no puede acortarse, subo sección o rediseño el recorrido. |
| Movimiento y vibración | Un circuito móvil fatiga antes el tubo y castiga más el racor. | Para partes móviles prefiero materiales más flexibles y radios generosos. |
| Vacío | Hay líneas que trabajan también en depresión, no solo en presión positiva. | La gama técnica de esta familia llega a 755 mm Hg, es decir, cerca del 99 % de vacío, pero siempre confirmo la serie concreta. |
Hay otra idea que me parece básica: la presión nominal de la máquina no basta para decidir. Me interesa la peor condición de trabajo, no la media. Si un pico de presión aparece al arrancar o una zona se calienta más de la cuenta, ahí es donde la instalación se rompe antes. Cuando ya tienes clara la selección técnica, el montaje es el siguiente filtro que separa una línea fiable de una que dará guerra.
El montaje correcto con racores instantáneos marca la diferencia
En tubería neumática, un mal montaje puede arruinar un buen material. Yo suelo seguir siempre la misma secuencia, porque reduce fallos y evita que el tubo entre forzado en el racor.
- Corto el tubo a escuadra, con un cortatubos adecuado y sin aplastarlo.
- Compruebo que el borde no tenga rebabas, ovalización ni cortes inclinados.
- Inserto hasta el tope en el racor instantáneo, sin girar de forma agresiva.
- Hago una tracción suave para verificar que ha quedado bien asentado.
- Pruebo el circuito a presión antes de darlo por cerrado.
Las calibraciones de este tipo de tubería existen por una razón práctica: ayudar a que el sellado sea consistente con los racores instantáneos. También conviene recordar que, si se usan racores de compresión, la férula no es opcional. Son sistemas distintos y conviene tratarlos como tales; mezclarlos “porque encaja más o menos” suele salir caro.
Yo soy bastante estricto con el corte recto porque un borde oblicuo provoca inserciones a medias y microfugas difíciles de localizar. También evito calentar el tubo para “ablandarlo” salvo que el fabricante lo contemple expresamente. Si hace falta forzarlo para entrar, normalmente la solución no es insistir: la solución es revisar diámetro, racor o trazado. Con el montaje bien hecho, la siguiente amenaza suele ser más silenciosa: el desgaste que se acumula con el tiempo.
Los fallos que más acortan la vida del tubo
La mayoría de averías en este tipo de línea no llegan de golpe. Van avisando. Cuando veo un circuito que falla una y otra vez, casi siempre encuentro una de estas causas:
| Error típico | Qué provoca | Cómo lo evitaría |
|---|---|---|
| Radio de curvatura demasiado cerrado | El tubo se aplasta, blanquea o termina agrietándose en la zona doblada. | Dejo más holgura en el trazado y no obligo al tubo a “hacer esquina”. |
| Material poco adecuado para la temperatura | Pérdida de elasticidad, endurecimiento o deformación prematura. | Elijo el material por el entorno real, no por inercia de almacén. |
| Diámetro incompatible con el racor | Fugas, expulsión del tubo o inserción inestable. | Compruebo siempre la serie exacta de racor y medida de tubo. |
| Corte irregular o aplastado | Asiento defectuoso y microfugas intermitentes. | Uso herramienta de corte adecuada y verifico el extremo antes del montaje. |
| Abrasión o contacto continuo con aristas | Desgaste exterior, fugas y roturas por fatiga. | Protejo el recorrido o rediseño el soporte del tubo. |
| Inspección escasa tras mantenimiento | Pequeños errores quedan ocultos hasta que la línea cae en carga. | Reviso fugas, fijaciones y estado visual después de cada intervención. |
Hay una señal muy útil que no conviene ignorar: si el tubo empieza a marcarse, a endurecerse o a mostrar blanqueamiento en un pliegue, ya está diciendo que el recorrido o el material no son adecuados. En neumática, esperar a que “aguante un poco más” suele traducirse en una parada más adelante. Cuando eso ocurre, la sustitución deja de ser una compra rutinaria y pasa a ser una decisión técnica.
La decisión correcta se nota en la máquina, no en la etiqueta
Antes de pedir un recambio, yo revisaría siempre cinco cosas: presión máxima real, temperatura, longitud del recorrido, movimiento de la línea y tipo exacto de racor. Si una de esas variables cambia, el tubo adecuado también puede cambiar. Y conviene no asumir que el fallo está en la tubería: muchas veces la fuga está en el racor, en la inserción o en un punto de rozamiento que nadie miró con detalle.
La regla que mejor me funciona es sencilla: para circuitos fijos y exigentes, poliamida; para recorridos flexibles o compactos, poliuretano; para entornos especiales, material específico. Con esa base, la gama de tubería técnica de Legris deja de ser un catálogo genérico y se convierte en una herramienta de mantenimiento bastante precisa. Cuando la línea está bien dimensionada y montada, el aire llega donde tiene que llegar, sin ruido, sin pérdidas y sin sorpresas innecesarias.
