Una oficina demasiado fría reduce la concentración tanto como una sala cargada y calurosa. La temperatura ideal en una oficina depende de la estación, la ropa, la humedad y el movimiento del aire, por lo que no basta con fijar el termostato y olvidarse del ambiente. Aquí encontrarás los rangos recomendados en España, cómo medirlos correctamente y qué ajustes de climatización suelen funcionar mejor.
La comodidad empieza con un rango estable y bien medido
- Invierno: una oficina suele funcionar mejor entre 20 y 24 ºC.
- Verano: el rango práctico más confortable suele situarse entre 23 y 26 ºC.
- Marco legal: para trabajos sedentarios, el Real Decreto 486/1997 fija un intervalo de 17 a 27 ºC.
- Humedad relativa: debe mantenerse normalmente entre el 30 % y el 70 %.
- Medición correcta: hay que comprobar varios puestos, no solo el sensor del equipo.

Qué temperatura debe tener una oficina en España
Para tareas sedentarias de oficina, el Real Decreto 486/1997 establece entre 17 y 27 ºC. Ese intervalo marca una condición mínima de seguridad y salud, pero no significa que cualquier temperatura dentro de él resulte igual de agradable para todas las personas.
En la práctica, la guía técnica del INSST recomienda considerar la ropa de cada estación. En invierno, una temperatura del aire de 20 a 24 ºC suele ser adecuada, mientras que en verano el confort suele mejorar entre 23 y 27 ºC. Yo prefiero trabajar con un margen más estrecho, porque los cambios bruscos generan más quejas que una temperatura ligeramente alejada del punto perfecto.
| Situación | Rango de referencia | Ajuste práctico recomendado |
|---|---|---|
| Oficina en invierno | 17 a 24 ºC | 20 a 22 ºC |
| Oficina en verano | 23 a 27 ºC | 24 a 26 ºC |
| Límite general para trabajo sedentario | 17 a 27 ºC | No mantener el equipo en los extremos sin una razón concreta |
Estos valores se aplican a espacios cerrados y a trabajos principalmente sentados. Un almacén, un taller, una cocina industrial o un puesto con actividad física requieren otra evaluación, ya que el nivel de esfuerzo y la ropa de trabajo cambian la respuesta del cuerpo.
Por qué el número del termostato no lo explica todo
Dos personas pueden sentirse de forma muy distinta en una sala a 24 ºC. La sensación térmica también depende de la humedad relativa, la velocidad del aire, la radiación de las superficies, la ropa y el nivel de actividad.
Una corriente directa sobre el cuello puede resultar molesta aunque la temperatura media sea correcta. También ocurre lo contrario: una pared acristalada expuesta al sol puede crear una zona de calor junto a la ventana mientras el sensor situado en el centro indica un valor aparentemente normal.
Humedad y calidad del aire
La humedad relativa recomendada en oficinas se sitúa, de forma general, entre el 30 % y el 70 %. En verano, una humedad elevada hace que el calor se perciba con mayor intensidad; en invierno, un ambiente demasiado seco puede irritar ojos, garganta y piel.
La ventilación también cuenta. Para trabajos sedentarios en ambientes no calurosos ni contaminados, el Real Decreto contempla una renovación mínima de 30 m³ de aire limpio por hora y trabajador. En una oficina ocupada, recircular aire frío no sustituye por completo la aportación de aire exterior.
La temperatura radiante
La temperatura radiante es el calor o frío que transmiten paredes, ventanas, techos y equipos cercanos. Una fachada acristalada mal protegida puede provocar incomodidad incluso con el aire a 23 ºC, porque el cuerpo intercambia calor con esas superficies.
Por eso, en mi opinión, la estabilidad y la distribución uniforme son más importantes que perseguir una cifra exacta. Una sala a 25 ºC sin corrientes puede resultar más confortable que otra a 22 ºC con chorros de aire frío sobre varios puestos.
Cómo medir bien la temperatura de una oficina
El primer paso es utilizar un termómetro independiente, preferiblemente con registro de humedad. El sensor debe colocarse aproximadamente a la altura de la zona ocupada, lejos de ventanas, radiadores, equipos informáticos y salidas directas de aire.
Una única medición puede llevar a conclusiones equivocadas. Yo comprobaría al menos tres puntos representativos, por ejemplo el centro de la sala, un puesto próximo a una ventana y otro cercano a la impulsión del sistema.
- Deja que el sistema funcione en condiciones normales durante al menos 30 minutos.
- Mide la temperatura y la humedad en varios puestos ocupados.
- Repite la comprobación en distintos momentos del día.
- Anota la incidencia de sol, puertas abiertas, número de personas y equipos encendidos.
- Compara los datos con las molestias reales de los trabajadores.
Si hay diferencias superiores a 2 o 3 ºC entre zonas, el problema probablemente no se resuelve cambiando el ajuste general. Puede deberse a una mala orientación de las rejillas, filtros sucios, falta de equilibrado o una carga térmica mal calculada.
Cómo ajustar la climatización para ganar confort y ahorrar energía
En verano, bajar el aire acondicionado hasta 20 ºC no enfría necesariamente más rápido de forma eficiente. Aumenta el consumo, favorece el contraste térmico con el exterior y puede generar corrientes desagradables. Un ajuste de 24 a 26 ºC, combinado con persianas o protección solar, suele ser una solución más equilibrada.En invierno, mantener la calefacción a 25 ºC puede resecar el ambiente y disparar el gasto. Para una oficina con actividad sedentaria, empezaría por 20 o 21 ºC y corregiría solo si las mediciones y las condiciones reales lo justifican.
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Medidas que suelen marcar la diferencia
- Programar horarios según la ocupación real del edificio.
- Evitar que el aire impulsado caiga directamente sobre las personas.
- Limpiar filtros y revisar baterías, ventiladores y desagües con regularidad.
- Usar persianas, estores o láminas solares en las fachadas más expuestas.
- Separar zonas con cargas térmicas muy diferentes.
- Instalar sondas bien ubicadas y revisar su calibración.
En instalaciones medianas o grandes, un sistema de control centralizado puede ayudar a detectar horarios de consumo anómalos y salas con desequilibrios. Sin embargo, la automatización no corrige una instalación mal dimensionada: primero hay que revisar caudales, distribución y mantenimiento.
Errores habituales que empeoran el ambiente
Uno de los errores más frecuentes es cambiar el termostato cada pocos minutos porque una persona tiene frío y otra calor. Esa práctica provoca ciclos inestables y no resuelve el origen del problema. Es mejor identificar si existe una corriente localizada o una diferencia entre zonas.
También es habitual colocar el sensor junto a una ventana soleada o debajo de una rejilla. En ese caso, el equipo recibe una lectura poco representativa y puede enfriar o calentar toda la oficina de forma innecesaria.
Otro fallo importante es descuidar la ventilación. El aire puede estar a una temperatura correcta y, aun así, sentirse pesado por exceso de ocupación, baja renovación o acumulación de contaminantes. Cuando aparecen somnolencia, malos olores o sensación de ambiente cargado, no conviene limitarse a bajar un grado el termostato.
Por último, no recomendaría imponer una única consigna sin escuchar a los ocupantes. La ropa, la edad, la posición del puesto y la exposición solar influyen mucho. Un protocolo sencillo de medición y registro suele ser más útil que una discusión permanente sobre si la oficina está “a 22 o a 23”.
Una consigna razonable para empezar mañana
Para una oficina convencional en España, probaría con 21 ºC en invierno y 25 ºC en verano. Mantendría la humedad entre el 30 % y el 70 %, evitaría que el aire incida directamente sobre los puestos y comprobaría la temperatura en varias zonas antes de modificar el ajuste.
Si el confort sigue siendo malo, revisaría primero filtros, sondas, distribución del aire, protección solar y ventilación. La mejor climatización no es la que alcanza una cifra extrema, sino la que mantiene un ambiente estable, saludable y razonablemente eficiente durante toda la jornada.
