Aerotermia con radiadores - ¿se pueden conservar?

Jon Burgos 15 de mayo de 2026
Diagrama de aerotermia con radiadores, mostrando unidad exterior, caldera y dos radiadores conectados por tuberías rojas y azules.

Índice

¿Se pueden mantener los radiadores de una vivienda al instalar una bomba de calor? Sí, pero el resultado depende de la temperatura que necesiten, del aislamiento y del dimensionado de cada estancia. La aerotermia con radiadores puede ofrecer calefacción eficiente, agua caliente sanitaria y, con los emisores adecuados, refrigeración, aunque no siempre conviene conectar la máquina directamente a una instalación antigua.

La eficiencia depende de trabajar con la temperatura más baja posible

  • Compatibilidad: los radiadores existentes pueden servir si entregan suficiente potencia con agua a unos 40-55 °C.
  • Radiadores convencionales: suelen haber sido calculados para trabajar entre 70 y 80 °C, por lo que a baja temperatura pueden quedarse cortos.
  • Mejor rendimiento: cuanto menor sea la temperatura de impulsión, mayor será normalmente el rendimiento estacional de la bomba de calor.
  • Refrigeración: los radiadores no sustituyen a los fancoils porque pueden producir condensación y no evacúan bien el calor en verano.
  • Coste orientativo: una instalación completa de aire-agua con calefacción y ACS puede situarse aproximadamente entre 8.000 y 18.000 euros, según la vivienda y la obra necesaria.

La compatibilidad depende de la temperatura, no solo del radiador

Una bomba de calor aerotérmica extrae energía del aire exterior y la transfiere al agua del circuito de calefacción. La diferencia frente a una caldera es importante: la caldera puede producir agua muy caliente con facilidad, mientras que la bomba de calor trabaja con más eficiencia cuando la impulsión se mantiene en torno a 35-50 °C.

Los radiadores no son incompatibles por el simple hecho de ser antiguos. Lo decisivo es la potencia que pueden emitir a la temperatura real de trabajo. Un radiador diseñado para entregar 1.500 W con agua a 75 °C emitirá bastante menos si recibe agua a 45 °C. Por eso, una vivienda puede tener radiadores perfectamente conservados y aun así necesitar más superficie emisora.

La guía técnica del IDAE diferencia las aplicaciones de baja temperatura, alrededor de 35 °C, de las que trabajan cerca de 55 °C. En una vivienda con radiadores, esta diferencia se nota directamente en el consumo y en la capacidad de mantener el confort durante los días más fríos.

Qué ocurre con los radiadores existentes

Los emisores de aluminio, acero o hierro fundido pueden seguir utilizándose si están bien dimensionados. El material influye menos que su superficie de intercambio, el número de elementos, la temperatura de impulsión y las pérdidas de calor de la habitación.

Yo no decidiría conservarlos solo porque la caldera actual caliente bien la casa. Haría una prueba más útil: comprobar si cada estancia alcanza la temperatura deseada cuando el agua circula a 50-55 °C durante varias horas. Si solo funciona con la impulsión a 65 o 70 °C, la instalación será menos eficiente con aerotermia.

Tipo de emisor Compatibilidad habitual Observación práctica
Radiador antiguo pequeño Limitada Puede necesitar más temperatura o ser sustituido por uno de mayor superficie.
Radiador de aluminio con muchos elementos Buena en algunos casos Conviene calcular su potencia a 45-55 °C, no usar la cifra nominal de catálogo sin revisarla.
Radiador de baja temperatura Muy buena Está diseñado para trabajar con bombas de calor y suele incorporar mayor superficie de intercambio.
Fancoil hidrónico Muy buena Permite calefacción y refrigeración, pero mueve aire y necesita electricidad, desagüe y limpieza de filtros.

Cuándo conservar los radiadores y cuándo cambiarlos

Conservar los emisores suele tener sentido cuando la vivienda está razonablemente aislada, el circuito hidráulico está en buen estado y los radiadores tienen suficiente tamaño. También es una opción lógica en una reforma parcial, porque evita levantar suelos y modificar todas las tuberías.

La situación cambia en casas con ventanas poco estancas, fachadas sin aislamiento o habitaciones que ya eran difíciles de calentar. En esos casos, instalar una máquina más potente para compensar los radiadores pequeños suele ser una mala solución. Aumenta la inversión, puede elevar el consumo eléctrico y no corrige el problema de fondo.

Mi criterio es sencillo. Si el sistema mantiene el confort con una impulsión de 45-50 °C, intentaría aprovecharlo. Si necesita más de 60 °C durante buena parte del invierno, estudiaría primero mejorar el aislamiento y después ampliar o sustituir los emisores.

Radiadores de baja temperatura

Estos radiadores tienen más superficie frontal, más elementos o soluciones internas que aumentan la convección. Su objetivo es entregar una potencia similar con agua más templada, normalmente entre 40 y 55 °C, aunque el valor exacto depende del fabricante y de las condiciones de cálculo.

No siempre es necesario cambiarlos todos. A menudo basta con actuar en los dormitorios o salones donde la demanda térmica es mayor. El cálculo debe hacerse estancia por estancia, teniendo en cuenta metros cuadrados, orientación, ventanas, planta y aislamiento.

Bombas de calor de alta temperatura

Existen equipos capaces de alcanzar temperaturas de impulsión elevadas y trabajar con radiadores convencionales. Resuelven algunos casos de rehabilitación, pero no convierten mágicamente una instalación antigua en una instalación de baja temperatura.

Al subir la temperatura del agua, la bomba de calor suele perder rendimiento. Por eso, elegir un modelo de alta temperatura puede ser razonable cuando no se puede modificar el sistema, pero no debería ser la primera respuesta si todavía es posible ampliar los radiadores o reducir la demanda del edificio.

Cómo debe diseñarse la instalación para que rinda

El equipo exterior es solo una parte del sistema. Para obtener un funcionamiento estable hacen falta un circuito hidráulico limpio, caudales correctos, regulación y emisores capaces de transferir el calor disponible.

El cálculo de potencia

La potencia de la máquina debe calcularse a partir de la demanda térmica, no aplicando una regla rápida de tantos kilovatios por metro cuadrado. Una vivienda bien aislada en la costa y otra casa antigua en una zona fría pueden tener necesidades muy distintas aunque midan lo mismo.

Una máquina sobredimensionada puede arrancar y detenerse con demasiada frecuencia. Ese funcionamiento, llamado ciclado, reduce el confort y puede perjudicar la eficiencia. Una máquina pequeña, en cambio, necesitará apoyo eléctrico o no alcanzará la temperatura en los picos de frío.

El circuito hidráulico

Antes de conectar la bomba de calor conviene limpiar el circuito, revisar la presión, purgar el aire y comprobar válvulas, circuladores y vasos de expansión. En instalaciones antiguas recomiendo valorar un filtro magnético o desfangador, porque el lodo metálico reduce el caudal y puede dañar el intercambiador.

También hay que equilibrar hidráulicamente los radiadores. Si los más cercanos reciben demasiado caudal y los últimos apenas se calientan, subir la temperatura de impulsión no arregla la causa. Solo aumenta el consumo mientras mantiene una distribución deficiente del calor.

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La regulación marca la diferencia

La curva climática adapta la temperatura del agua a la temperatura exterior. Cuando fuera hace menos frío, la máquina reduce la impulsión y trabaja con mejores condiciones. En mi opinión, esta regulación aporta más que perseguir una temperatura fija alta y encender la calefacción de forma brusca.

Las válvulas termostáticas ayudan a controlar cada habitación, pero no deben cerrar todos los radiadores al mismo tiempo. El instalador debe garantizar un caudal mínimo y configurar correctamente el control del sistema.

Qué cambia cuando también quieres refrigeración

Una bomba de calor reversible puede producir frío, pero los radiadores tradicionales no son buenos emisores para refrigerar. Si se hace circular agua fría por ellos, la superficie puede quedar por debajo del punto de rocío y aparecer condensación en paredes, suelos o el propio emisor.

Para climatizar en verano suelen utilizarse fancoils, unidades por conductos o sistemas de suelo refrescante con control de humedad. Los fancoils son especialmente prácticos en reformas porque pueden aprovechar parte del circuito hidráulico y ofrecer calefacción y frío con el mismo generador.

Hay que asumir un compromiso. El radiador es silencioso y sencillo para calentar, mientras que el fancoil necesita ventilador, desagüe de condensados y mantenimiento de filtros. Si la refrigeración es una prioridad, yo planificaría ambos servicios desde el inicio en vez de intentar forzar a los radiadores a hacer un trabajo para el que no fueron diseñados.

Consumo, precio y tiempo de amortización

El COP expresa la relación entre el calor que entrega la máquina y la electricidad que consume. Con un COP de 4, cada 1 kWh eléctrico produce aproximadamente 4 kWh térmicos en unas condiciones concretas. No es una cifra fija: baja cuando hace mucho frío fuera o cuando se exige agua a temperaturas elevadas.

Por ejemplo, una demanda instantánea de 4 kW térmicos requeriría cerca de 1 kW eléctrico con un COP de 4. Si las condiciones hacen que el COP baje a 2,5, la misma calefacción necesitaría alrededor de 1,6 kW eléctricos. Esta es la razón por la que trabajar a 45 °C suele ser mucho más interesante que trabajar a 65 °C.

En España, una instalación completa de aire-agua para calefacción y ACS puede moverse aproximadamente entre 8.000 y 18.000 euros. El importe final depende de la potencia, el acumulador, la adaptación eléctrica, la obra, los emisores y la dificultad para colocar la unidad exterior. El análisis de la OCU también muestra que la aerotermia puede tener un coste inicial superior al de otros sistemas, aunque el gasto energético sea menor en determinadas condiciones.

No prometería una amortización universal. Puede ser atractiva en una vivienda habitual con muchas horas de uso, aislamiento aceptable y sustitución de gasóleo o propano. En una segunda residencia poco utilizada, la inversión tarda más en recuperarse, especialmente si hay que cambiar todos los radiadores y realizar una reforma importante.

Errores que reducen el rendimiento

  • Elegir la máquina por superficie sin calcular la demanda térmica de cada estancia.
  • Mantener una impulsión fija de 60-70 °C aunque la vivienda pueda calentarse con menos temperatura.
  • Ignorar el aislamiento y compensar las pérdidas con más potencia instalada.
  • No limpiar ni equilibrar el circuito antes de conectar el nuevo generador.
  • Confundir calefacción con refrigeración y asumir que los radiadores servirán para producir frío.
  • Olvidar la instalación eléctrica, la potencia contratada, el ruido de la unidad exterior y la evacuación de condensados.
  • No revisar el ACS, que puede requerir temperaturas más altas y una estrategia de funcionamiento distinta a la calefacción.

En una puesta en marcha profesional pediría una ficha con la potencia calculada, temperaturas de impulsión y retorno, caudales, presión del circuito, programación de la curva climática y consumo eléctrico inicial. Sin esos datos es difícil saber si un rendimiento pobre procede de la máquina, de los radiadores o de una regulación mal ajustada.

La decisión correcta empieza por medir los radiadores

La combinación funciona bien cuando la vivienda necesita poca energía y los emisores entregan suficiente calor con agua templada. Si los radiadores actuales cumplen esa condición, conservarlos puede ahorrar obra y mantener el confort; si no, suele ser más sensato ampliar algunos, instalar emisores de baja temperatura o añadir fancoils.

Antes de aceptar un presupuesto, pediría tres comprobaciones concretas: cálculo de cargas térmicas por estancia, potencia real de los radiadores a la temperatura prevista y revisión completa del circuito hidráulico. Con esa información, la aerotermia deja de ser una promesa genérica y se convierte en una solución de climatización que puede evaluarse con números.

Preguntas frecuentes

Sí, si entregan suficiente potencia con agua a unos 40-55 °C. La compatibilidad depende de su superficie, del aislamiento de la vivienda y de la demanda térmica de cada estancia, no solo de que estén en buen estado.

Si la vivienda solo alcanza el confort con impulsiones superiores a 60 °C, conviene estudiar primero el aislamiento y después ampliar o sustituir los emisores. Los radiadores de baja temperatura pueden proporcionar una potencia similar trabajando normalmente entre 40 y 55 °C.

Los radiadores tradicionales no son adecuados para refrigerar porque el agua fría puede provocar condensación y no evacúan bien el calor. Para producir frío suelen ser necesarios fancoils, unidades por conductos o suelo refrescante con control de humedad.

En España, una instalación completa de aire-agua puede costar aproximadamente entre 8.000 y 18.000 euros. El precio depende de la potencia, el acumulador, la adaptación eléctrica, la obra, los emisores y la colocación de la unidad exterior.

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Autor Jon Burgos
Jon Burgos
Me llamo Jon Burgos y cuento con 14 años de experiencia en el ámbito del mantenimiento industrial, específicamente en aire, agua y automatización. Desde mis inicios en este sector, me he sentido atraído por la complejidad de los sistemas industriales y por la importancia de un mantenimiento adecuado para garantizar su eficiencia y durabilidad. Me gusta desglosar conceptos técnicos y ayudar a los lectores a entender problemas comunes que pueden surgir en este campo, ofreciendo soluciones prácticas y accesibles. En mis escritos, me enfoco en áreas como la optimización de procesos, la automatización de sistemas y el mantenimiento preventivo. Me comprometo a proporcionar información útil, precisa y actualizada, siempre verificando mis fuentes y comparando datos para asegurar que lo que comparto sea claro y comprensible. Mi objetivo es hacer que temas complejos sean más accesibles, facilitando así el aprendizaje y la aplicación de buenas prácticas en el mantenimiento industrial.

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